¡DIGO! NI PUTA NI SANTA

Yo tenía once años cuando ella apareció por primera vez en televisión, en ese programa tan entretenido y polémico que emitían de madrugada. Me enganchó por su personalidad arrolladora, que provocaba una agitación en mí como nadie había logrado antes.

Pienso que fue su transparencia y sencillez la que me atrapó: una persona que se desnudó literal y metafóricamente para hablar de sí misma, de cómo se creó por dentro y por fuera según sus sentimientos y las circunstancias que la rodeaban, y de cómo era su mundo.

Me revolvía de la risa dentro de mi cama viéndola cada noche, porque no había filtros ni eufemismos; porque revertía sus males con humor y, en muchos casos, esencialmente representaba una grieta en la mentalidad de una sociedad española aún básica y primitiva.
Rompía esquemas desde una perspectiva totalmente nueva. O como mínimo su imagen era una poderosa fuerza de resistencia. Y a mí todo eso me hacía reflexionar...

Fue la primera persona que me dio una lección accidentalmente; la primera que me enseñó los valores de la identidad y la libertad.

Ella es Cristina La Veneno, y como no podía ser de otra manera, veinte años después de aquellas primeras noches de revolución interna, acudo a la presentación de su libro ¡Digo! Ni puta ni santa. Las memórias de La Veneno,  en la Sala Boite de Madrid .

Y ahora si quieres llámame friki e inculto, y lánzame una piedra, ¡o dispara!
Tengo sentimientos, razones y recuerdos que son un escudo infalible para continuar sonriendo.




Francisco Cesteros — Madrid, 3 de octubre de 2016.