Y bajo esta premisa fundamental que siempre hemos tenido en común tu y yo, he decidido mezclar momentos, situaciones, lugares y personas, realidad y ficción también, para hacerlo todo más llevadero. Para dejarte una carta que me ayude a seguir viviendo con menos dolor.
Imagino que estás de viaje. Retrocedo algo más de diez años y visualizo cómo coges tu Wolkswagen Passat gris y conduces sin un destino determinado, explorando el universo, llenando el maletero de souvenirs, emociones y otros regalos, enriqueciendo tu mundo interior.
Cuando haces un alto en el camino para cederle el paso a una estrella fugaz, algunos conductores te miran sorprendidos, como buscando en tus ojos el porqué de tanta generosidad ante esa materia llena de vida que se extingue; y tu mirada, envuelta en el humo de tu cigarrillo, les hace comprender... Luego se alejan habiendo recibido una dura lección por tu parte sin que hayas abierto la boca.
A veces huele a perfume en casa, pero no es el mío, ni tampoco el de Andrés, y pienso: "Otra vez ha pasado mi padre por casa y no me ha dado tiempo ni a cruzarme con él...". Así que preparo café y espero hasta la madrugada por si vuelves, para servírtelo y ser el último de la casa en darte las buenas noches, como hacía entonces. El café sabe a mosto y el chocolate a ceniza, por eso lo dejo a un lado.
Cierro los ojos y voy juntando las palmas de mis manos, lentamente, hasta que siento las tuyas en medio, frías, y las mantengo ahí hasta que entran en calor y me devuelves el apretón.
En unas horas se cumple un mes de la noticia. Te has ido definitivamente. Estás en tu mundo y no existe fuerza lo suficientemente poderosa como para traerte de vuelta. Lo sabíamos desde hace bastante, pero ¿quién no ha soñado en todo este tiempo con el milagro de recuperarte? Así que tristemente seguimos con nuestras vidas. Echándote de menos tanto que muchas veces duele hasta respirar. En mi caso llorándote con esta carta, a mi modo.
Y hasta aquí.
"En esta vida tienes que hacer lo que te salga de los cojones. Y quien esté contra ti también está contra mí".
Me quedo con esto, con lo último que me dijiste, con mi madre también a mi lado. Y con este mensaje lleno de amor, reúno la fuerza necesaria para seguir adelante y vivir mi vida con intensidad, hasta el final.
Y ya llegará el momento de nuestro reencuentro, de que vengas a recogerme y hagamos un largo viaje juntos, uno más de tantos, como cuando llegaba tu día de descanso y me llevabas de vermú a La Luna.
Francisco Cesteros — Madrid, 19 de marzo de 2016.