Y muchas mujeres, que lo dicen todo con una pequeña mueca o soltando entre risas cualquier lindeza con el mayor descaro.
Pues bien, queridos/as, me consta que en su día muchos de esos hombres disfrutaron con bastante frecuencia de los favores orales (y me quedo corto) de algún colega o amigo de toda la vida; en el instituto, en la biblioteca, después de dejar en casa a su novia, cuando ya se acaba la fiesta, con la excusa de que hay partido, en los vestuarios del gimnasio, en el trabajo, durante aquellas memorables vacaciones con otras parejas...
Y muchas de esas mujeres, que aun sabiendo que su plena felicidad gira en torno a otra mujer, lo negaron y se entregaron al macho común con un pensamiento y sentimiento homófobo indecentes...
Hoy muchos de ellos son padres, madres, cabezas de familia que educan a sus hijos/as en valores inhumanos (y, por tanto, penados por la ley) en este mundo en el que ellos/as gozaron como dioses.
No logro entender cómo un beso puede ser tan perseguido, buscado por las dos partes o robado pero aceptado, venga de quien venga, sea cual sea el lugar y el momento donde se produzca, con independencia de la manera, el ritmo y la duración del mismo. ¡Valientes hipócritas!
En fin... Un beso, con sabor a hamburguesa, para quien lo quiera.
*[Respuesta personal a propósito de la pareja gay que fue expulsada de una hamburguesería por besarse públicamente.] »
Francisco Cesteros — Madrid, 10 de diciembre de 2014.