Páginas

DEL INFIERNO AL ORGULLO

Recuerdo muy bien aquellos años tan crueles.

Yo era un niño alejado del modelo heteronormativo, en conflicto con lo tradicional y lo conservador.

La etapa de la niñez y la adolescencia era a menudo un pequeño infierno, una coctelera de prejuicios, burlas, discriminación, mentira, miedo, limitaciones, odio, complejos, inseguridades, cobardia, fobia, abusos, invalidación, censura y violencia.

Por fuera mantenía el tipo, como podía, pero lo cierto es que fue salvaje cargar con todo eso y ocultar y reprimir mis sentimientos y mi sexualidad.

La escritura y el teatro fueron un refugio reparador. Terapia anticipada y gratuita.

A los nueve años comencé a escribir un diario. En él materialicé mi diálogo interno a través de textos cargados de dudas, ansiedad y sueños, casi sin el tipo de episodios que cualquier otro mocoso de mi edad habría plasmado. Tiempo después creé un blog personal en el que me volqué. Hablaba de mí con profunda sensibilidad y me expresaba desdibujando la realidad, aliñándolo con mucha imaginación. Fue enriquecedor interactuar con personas que también escribían y compartían sus inquietudes.

A los quince años me subí al escenario por primera vez en mi vida. Más allá del hecho de que pagaran mi trabajo como actor siendo tan joven, me fascinaba la idea de salir de mí, de meterme en otra piel y transitar una realidad distinta a la mía. Ese juego era un alivio, un regalo. ¡Y aprendí tanto y a tantos niveles! Muy especialmente a leer entre líneas a todo y a todxs.

Con el tiempo apareció gente preciosa que me respetaba y reforzaba. Óxigeno e impulso que me ayudó a seguir adelante. Resistí, me elegí, me lancé y, a la larga, la vida me dio oportunidades y me fue dotando de dones y habilidades valiosísimas.

Me liberé a los veinte años. Comprendí que lo más inteligente y práctico era recoger aquellas partes de mí que estaban rotas y vacías y reconstruirlas, llenarlas. Vivir de verdad. Sin darme cuenta me fui haciendo de otra pasta. A base de prueba y error me descubría y me conocía mejor. Me regaba con días y noches de amor y fantasía, risas y lágrimas, sangre y semen, besos y abrazos. Y comencé a florecer. Neutralicé lo negativo y me transformé en lugar seguro, lleno de honestidad y libertad.

En la actualidad me siento lleno de gratitud por todo el aprendizaje y la experiencia. Hace poco me reconcilié con el niño que fui, que hizo todo lo mejor que supo y pudo (y fue muchísimo), y me condujo a lo que soy hoy, un hombre orgulloso de mí mismo, valiente y auténtico.

Por eso estoy aquí y te comparto todo esto, para alentarte, inspirarte y acompañarte.

No estás solx. Somos una comunidad más grande y fuerte día a día. Cada 28 de junio celebramos la memoria de aquellxs disidentes que murieron por defender su identidady el orgullo de ser personas que, desde los márgenes, luchamos contra la discriminación, promoviendo el respeto por la diversidad.

¡¡Muchas felicidades, orgullosx!! ¡¡Adelante!!


Francisco Cesteros — Madrid, 28 de junio de 2025.